4.30.2006

Vida callejera = VIDA


Hay una alternativa a conocer la meta de nuestros pasos: no conocerla.
Desconocer el lugar al que nos dirigimos puede sumergirnos en el pánico, sobre todo si estamos acostumbradas a tenerlo todo controlado. Sí, por supuesto. Pero también nos abre caminos extraños, lugares que jamás habíamos pisado antes. ¿Y por qué? Por tenerlo todo controlado. Por conocer nuestro destino de antemano.
De hecho, conocer el lugar al que nos dirigimos le resta gran parte de interés a tal viaje y, es cierto, a veces no importa. ¿Pero es sano vivir siempre una sucesión de los mismos pasos, los mismos llantos y la misma niebla? Probablemente no.
Igual ocurre con la vida. El buen camino, ese que nos han recomendado siempre, familia y conocidos, nos lleva allí donde todo es como debe ser. El buen camino que nos han intentado meter en la cabeza todo tipo de instituciones y campañas publicitarias. Nuestra vida será cómoda y plácida si, simplemente, hacemos caso y seguimos la ruta marcada.

Pero... ¿es eso lo que queremos?

Tal vez, sólo tal vez, merezca la pena un poco de pánico e inseguridad. Tal vez, sólo tal vez, sería mejor andar siguiendo nuestros deseos y no el camino prefijado. Y, por un momento plantearnos que, quizás, merezca la pena no conocer nuestro destino de antemano.