8.22.2006

Mercados de diversión

*Consumiendo ocio prefabricado

Pasar un buen rato sin tener que pagar por ello (dinero o cualquier otra cosa) parece sonar raro para muchas personas. Para otras, algo normal. Tan normal como pagar por buenos momentos, porque otras fabriquen, etiqueten, califiquen y vendan tu felicidad. ¿Tu felicidad?

Ideada por especialistas, expertos comerciales, devotos de la "ley de la oferta y la demanda", tu felicidad se envasa al vacío, se coloca en un recipiente lo suficientemente bonito para atraer tus sentidos, y tú la miras con los ojos fijos en su respectiva estantería.

"Me lo llevo", no hay duda: serás feliz con ello. O no, pero... ¡¿Qué importa?! Si no satisface tu necesidad de ser feliz, volverás otro día y probarás con otra cosa. Recorrerás los mismos pasillos. Ojearás las mismas estanterías. Tan frenético como siempre. Tan seguro de tu inseguridad.

¿Y cómo puedes llamar felicidad a algo que no nació de tus manos y tus deseos?
*Pagando por una necesidad creada
Las soluciones para los problemas, al contrario de lo que pueda parecerle a una televidente poco avispada, se han revelado sin máscaras ni disfraces como los propios problemas. Los complejos no se superan, se maquillan. La dificultad que plantea para algunas personas el relacionarse, no se trata de arreglar mediante la comprensión de las situaciones en la que esto se da, y de su por qué. Nadie pretende arreglar nada, ninguna solución quiere solucionar, ni ningún técnico tiene intención de arreglarte el corazón para que vuelvas a sentir.
Si no eres feliz, si no eres capaz de aceptarte y relacionarte con otras personas... ¿por qué aprender? El dinero lo hace todo más fácil; comprar sucedáneos es una práctica tan extendida hoy día que una crítica seria a ella se aparece como absurda ante los ojos de quienes viven por y para el consumo de sensaciones y objetos.
*El peligro de la autogestión del ocio
Se corre el peligro, mediante la no-participación en el ocio de mercado, de ser una misma sin intermediarias. De no colaborar económicamente con una estructura social que pretende, fomenta y practica la destrucción de toda diversidad y autonomía (física, mental y económica).
Se corre el peligro de propagar ideas subversivas, mediante su práctica, que representen una forma de hacerle la zancadilla al obligado aburrimiento reinante. De convertir la vida en arte y el tiempo en fiesta. De comprender mediante la práctica que, aquellos sueños que aún no han sido realidad, son fantasía porque no se ha comenzado su puesta en acción.

"El placer, tanto si se trata de arte, de vicio tolerado o de juego, queda reducido, en definitiva, en las interpretaciones intelectuales corrientes, a una concesión, es decir, a un descanso cuyo papel sería subsidiario. La parte más importante de la vida se considera constituida por la condición -a veces incluso penosa- de la actividad social productiva."
("La noción de gasto", de George Bataille)