Antes, durante y después
Antes
Un niño lleno de vitalidad salta y brinca felizmente. Cuando tiene apetito come, cuando tiene ganas de dormir, duerme. Y sueña. Es feliz, y no conoce la infelicidad, ni la necesidad, ni la escasez. Donde vive hay recursos naturales, y aquello que en su comunidad no pueden conseguir sin esfuerzo, recolectando o cazando, lo producen ellos. Se dedican unas cuantas horas al día a cuidar las huertas, las flores y a recolectar frutos. Organizan fiestas, construyen juguetes, juegan, ríen y bailan. Se enamoran, hacen amigas y amigos, se cuentan historias. Se confiesan secretos. Les gusta el misterio, y también les gusta saber el final de la historia antes de empezar. Todo depende del momento, pues, cada día es completamente diferente y nuevo.
Durante
Varios tipos muy cabreados, musculosos y llenos de hollín asaltan la aldea. Matan a casi todas sus habitantes, y destrozan todos sus recursos. Queman las cosechas y las casitas, envenenan los ríos y violan a varias mujeres. Todas y todos están llenos de rabia, pero aunque intentan luchar no pueden, por lo que acaban siendo esclavizadas por estos invasores. Uno de ellos, que parece ser el líder, les dice a los miembros de esa comuna sin jefes:
-Tenéis dos opciones, estúpidos. O bien trabajáis duro para nosotros y a cambio os dejamos vivir y podéis comeros las migajas, o bien os matamos.
Desesperados, sin que haya dudas aparentemente, todas aceptan. Empiezan días de penuria, dolor, tristeza y rabia. El niño que brincaba, ahora no tiene expresión en su cara. Sus amigos y él no hablan. Nadie habla. Nadie ríe, nadie llora. Las emociones no están permitidas, las palabras tampoco.
Sólo tienen paz cuando los amos se acuestan, pero están demasiado cansados para pensar, para hablar, para compartir sentimientos. Así que, se acuestan, y a duras penas y entre pesadillas, duermen. Todos. Todos menos el niño, que nunca puede dormir. Se plantea una manera de luchar, de salvar a quien quiere, o de huir, escapar lejos, con tal de alejarse de todo aquello.
Siente asco ante la resignación de aquellas personas a quienes ama, y sólo piensa en la venganza. Entiende la postura de ellas que, aceptando que no existe solución total, ni vuelta atrás, al menos se quedan con lo menos malo. Pero él piensa que hay otro modo, otra manera.
Un día se levanta, a media noche, en silencio y con cuidado de no hacer ruido, se acerca al lugar donde los amos están charlando y riendo. Con sus grandes jarras en las manos, espurrean palabras y escupen asquerosas canciones. El chico permanece oculto, acechando a sus agresores, frío, calculador, con el odio acérrimo chispeando en su mirada. Así pasan algunas horas, pero él no se mueve, no desespera, no se cansa. Permanece quieto, atento, despierto.
Cuando los amos duermen, él agarra el machete de medio metro que estos han utilizado para cortar la carne que comían, y les rebana el pescuezo uno a uno.
En silencio. Ninguno grita, ninguno llora, ninguno expresa ningún sentimiento. Nadie expresa nada, excepto él, que sonríe extasiado. La muerte de quienes les imponían la muerte-en-vida le provoca una alegría inmensa, que no puede controlar. Enseguida empieza a chillar su alegría, a cantar, a saltar y a dar brincos. Otra vez.
Con el ruido, ha despertado a sus amigos y vecinos, que se levantan y se dirigen al lugar alarmados pero despacio. Al llegar todos guardan asombro y, estupefactos y sorprendidos, admiran la acción de su niño sin atreverse a decirlo.
Después
La vida ha vuelto a la aldea, todo el mundo es feliz de nuevo. Fue un duro esfuerzo reconstruir todo aquello que los asaltantes habían destruido, y destruir todo aquello que habían puesto u obligado a poner en su lugar. Pero fue divertido y les llenó de alegría, ya que significaba toda su vida para ellas. Construyeron pequeños objetos fúnebres para recordar a sus familiares y amigas muertas, y no lloraron. Sonrieron. Desde la Tierra les susurraron que ya podían estar tranquilos, porque todo iba bien. No les olvidaron, y tampoco guardaron luto. Continuaron sus vidas, con el mismo entusiasmo, la misma pasión y la misma aventura que les caracterizaba.
Un niño lleno de vitalidad salta y brinca felizmente. Cuando tiene apetito come, cuando tiene ganas de dormir, duerme. Y sueña. Es feliz, y no conoce la infelicidad, ni la necesidad, ni la escasez. Donde vive hay recursos naturales, y aquello que en su comunidad no pueden conseguir sin esfuerzo, recolectando o cazando, lo producen ellos. Se dedican unas cuantas horas al día a cuidar las huertas, las flores y a recolectar frutos. Organizan fiestas, construyen juguetes, juegan, ríen y bailan. Se enamoran, hacen amigas y amigos, se cuentan historias. Se confiesan secretos. Les gusta el misterio, y también les gusta saber el final de la historia antes de empezar. Todo depende del momento, pues, cada día es completamente diferente y nuevo.
Durante
Varios tipos muy cabreados, musculosos y llenos de hollín asaltan la aldea. Matan a casi todas sus habitantes, y destrozan todos sus recursos. Queman las cosechas y las casitas, envenenan los ríos y violan a varias mujeres. Todas y todos están llenos de rabia, pero aunque intentan luchar no pueden, por lo que acaban siendo esclavizadas por estos invasores. Uno de ellos, que parece ser el líder, les dice a los miembros de esa comuna sin jefes:
-Tenéis dos opciones, estúpidos. O bien trabajáis duro para nosotros y a cambio os dejamos vivir y podéis comeros las migajas, o bien os matamos.
Desesperados, sin que haya dudas aparentemente, todas aceptan. Empiezan días de penuria, dolor, tristeza y rabia. El niño que brincaba, ahora no tiene expresión en su cara. Sus amigos y él no hablan. Nadie habla. Nadie ríe, nadie llora. Las emociones no están permitidas, las palabras tampoco.
Sólo tienen paz cuando los amos se acuestan, pero están demasiado cansados para pensar, para hablar, para compartir sentimientos. Así que, se acuestan, y a duras penas y entre pesadillas, duermen. Todos. Todos menos el niño, que nunca puede dormir. Se plantea una manera de luchar, de salvar a quien quiere, o de huir, escapar lejos, con tal de alejarse de todo aquello.
Siente asco ante la resignación de aquellas personas a quienes ama, y sólo piensa en la venganza. Entiende la postura de ellas que, aceptando que no existe solución total, ni vuelta atrás, al menos se quedan con lo menos malo. Pero él piensa que hay otro modo, otra manera.
Un día se levanta, a media noche, en silencio y con cuidado de no hacer ruido, se acerca al lugar donde los amos están charlando y riendo. Con sus grandes jarras en las manos, espurrean palabras y escupen asquerosas canciones. El chico permanece oculto, acechando a sus agresores, frío, calculador, con el odio acérrimo chispeando en su mirada. Así pasan algunas horas, pero él no se mueve, no desespera, no se cansa. Permanece quieto, atento, despierto.
Cuando los amos duermen, él agarra el machete de medio metro que estos han utilizado para cortar la carne que comían, y les rebana el pescuezo uno a uno.
En silencio. Ninguno grita, ninguno llora, ninguno expresa ningún sentimiento. Nadie expresa nada, excepto él, que sonríe extasiado. La muerte de quienes les imponían la muerte-en-vida le provoca una alegría inmensa, que no puede controlar. Enseguida empieza a chillar su alegría, a cantar, a saltar y a dar brincos. Otra vez.
Con el ruido, ha despertado a sus amigos y vecinos, que se levantan y se dirigen al lugar alarmados pero despacio. Al llegar todos guardan asombro y, estupefactos y sorprendidos, admiran la acción de su niño sin atreverse a decirlo.
Después
La vida ha vuelto a la aldea, todo el mundo es feliz de nuevo. Fue un duro esfuerzo reconstruir todo aquello que los asaltantes habían destruido, y destruir todo aquello que habían puesto u obligado a poner en su lugar. Pero fue divertido y les llenó de alegría, ya que significaba toda su vida para ellas. Construyeron pequeños objetos fúnebres para recordar a sus familiares y amigas muertas, y no lloraron. Sonrieron. Desde la Tierra les susurraron que ya podían estar tranquilos, porque todo iba bien. No les olvidaron, y tampoco guardaron luto. Continuaron sus vidas, con el mismo entusiasmo, la misma pasión y la misma aventura que les caracterizaba.



1 Comments:
Excelente punto.
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