1.08.2007

Azucar, cizallas, y fuegos artificiales

Sonando están las campanadas que anuncian el fin de un año, o el principio de otro, retumbando abajo en el valle, en la ciudad y en nuestros oidos. Nuestras caras tapadas, los cuerpos tiesos de frio, y en nuestra mente un objetivo: aquellas malditas máquinas. De súbito un clamor allá abajo, subiendo hacia nosotros. Resuenan miles de voces jubilosas, aumentan por momentos mi adrenalina hasta límites de vértigo, y dan la sensación de que la ciudad nos rinde un homenaje y aclama con ferbor. Y a los pocos segundos fuegos artificiales en el cielo oscuro, iluminando nuestras caras y reflejándose en nuestros ojos, nuestras herramientas trabajando, nuestros cuerpos vibrando...