8.22.2006

¿Necesidades materiales?
"Lo que posees acabará poseyéndote" ("El club de la Lucha", dirigida por David Fincher, basada en la novela de Chuck Palahniuk)
En Occidente, la mayoría de las personas tenemos ciertas cosas que no son necesarias para nuestra supervivencia. Están muy de moda los teléfonos móviles que se caracterizan por la nueva ola de prestaciones nuevas, tan poco propias de lo que ha venido siendo un teléfono todos estos años: cámara, grabadora, dispositivo de audio, conexión a internet, etc. Los ordenadores cada vez son más potentes, y la televisión cada vez tiene más canales, con otras interesantes novedades. Están también las conexiones a internet ultrasónicas o los lectores de DVD. Las videoconsolas, o las mascotas robóticas.
La pregunta es... ¿algo de esto nos hace realmente más libres? ¿De dónde viene todo este progreso tecnológico? ¿A dónde va? Cada vez somos más electrodependientes. Dependemos totalmente de la electricidad, de las máquinas. No somos necesarios para construir casi nada, hacemos muy pocas cosas con las manos, nos dedicamos más bien a apretar interruptores, pulsar botones que encienden que despiertan al monstruo y le indican qué labor ha de llevar a cabo a continuación.
Cuando ocurren apagones eléctricos generalizados, durante varios días, las personas utilizan su saber adquirido y recuerdan cómo se hacían las cosas antes, por eso sobreviven. ¿Pero y las nuevas generaciones? ¿Sabrán sobrevivir a un posible y probable colapso energético? ¿Serán capaces de vivir con lo mínimo?
Perder los bienes ocupa un lugar importante, a veces el más importante, en las preocupaciones de los occidentales (bueno, al menos, aquellos que tienen bienes que perder, pues los hay que no), los cuales tratan de mil maneras protegerse: guardias de seguridad, vigilantes nocturnos, armas de fuego (en el caso de Estados Unidos, por ejemplo), alarmas de seguridad, etc. La obsesión por mantener la propiedad sobre los objetos impide disfrutar de la libertad y encontrar la paz interior.
La urgente necesidad de adquirir cosas, objetos de los cuales sentirse orgulloso no es más que el reflejo de las enormes carencias que padece el ser humano civilizado en esta sociedad (carencias de afecto, de autoestima, de confianza, de relaciones sociales sinceras, ...) productora de espectáculos, de reflejos de aquello que se pretende ser. Un síntoma de debilidad y ausencia de control sobre la propia vida que deja ver a una criatura efímera, lastimosa, incapaz de decidir nada por sí y para sí misma, destinada a fracasar en su propia vida y en sus metas más profundas, como ser autónomo, amar o ser autosuficiente. El vacío de éxito producido por el fracaso ha de ser cubierto con algo, y este algo es el consumo desenfrenado de mercancías.
Mientras más se posee, más se quiere tener, y más recursos hacen falta para protegerlo, por lo cual te vuelves esclavo de aquello sobre lo que te consideras dueño. ¿Es cierto, entonces, que tantos inventos nos hacen la vida más fácil? A pesar de que, llegados a este punto, admitiremos que no, el quid de la cuestión, pienso, ha de estar en la siguiente pregunta: ¿Acaso tantos inventos nos hacen la vida más feliz? Responder a esto de una manera consciente, profunda, reflexionada, es importante para adquirir perspectiva sobre la propia existencia. ¿Somos capaces de abandonar todo en un momento dado si descubriéramos que ello nos hace más feliz?
¿Lo haríamos para dejar de sentirnos libres aparentemente, y serlo de una vez por todas? No se trata de abandonar un poco o todo, de dejar lo que cada cual pueda o acaparar todo lo posible, se trata de responderse a uno mismo la última cuestión que planteo:
¿De qué depende nuestra felicidad y nuestra vida?


"En la isla de Vancouver, cuenta Ruth Benedict, los indios celebraban torneos para medir la grandeza de los príncipes. Los rivales competían destruyendo sus bienes. Arrojaban al fuego sus canoas, su aceite de pescado, y sus huevos de salmón; y desde un alto promontorio echaban a la mar sus mantas y sus vasijas. Vencía el que se despojaba de todo."

("El libro de los abrazos", por Eduardo Galeano)

5 Comments:

Anonymous Anónimo said...

¿Te has deshecho tu de tu ordenador tras escribir todo eso?

6:46 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Faltaba más.

11:27 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

curiosamente me habia hecho la misma pregunta hace algunos dias...

3:20 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

No puedo dejar de leer tu blog , tus escritos tienen algo.
Disculpame ,pero no puedo dejar de escribir lo que acabo de escupir.
"a que jugamos?
ir y venir , donde estamos?
el sol sale para pocos
el resto lo tiene que inventar,
pero idiotas seguimos
caminando , caminando
perdidos sin muletas,
nos arrastramos
nos aniquilamos
nos dejamos convencer
nos cercaron con fotos,
con imagenes
con peliculas
con dulces
con amargos,
nos escondieron la luna
y nos robaron
la guitarra,
la razon ... impero
la ilusion ... desaparecio
cumplieron su fin,
lo lograron,
me aniquilaron."

11:49 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Mi mono titi se hace kakota.

12:35 a. m.  

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