Tan, atareaditos. Tan ocupados. Son todos iguales, pero se piensan diferentes. Tan insignificantes... Algunas tardes, algunas mañanas me miran. Se admiran de mi belleza. Y me gusta. Llevan haciéndolo durante decenios. Pero nunca los mismos, claro. Porque ellos pronto mueren, y yo sigo aquí. Tantos años contemplándolos que ya no sé diferenciarlos unos de otros. Unas son morenas, otros son pelirrojos. Algunos rubios y otras canosas. Pero aparte de eso, de sus pequeñas diferencias, no son diferentes. Míralos.
Se creen el centro del universo, todos queriendo ser los protagonistas de una historia, nadie se mira a sí mismo como el personaje secundario. Nadie se piensa prescindible. Nadie se ve a sí mismo como una mota de polvo. Pero es lo que son.
Destruyen su planeta, su hogar. Me llenan de mierda, a mí que sin mí no son nada. Imbécil raza de simios. Se matan entre sí por idioteces y mentiras. Incluso hacen daño a quien aman, y se olvidan. Y se guardan rencores inútiles tantas veces sin motivo... Compiten entre ellos por ser mejores en disciplinas sin importancias, por trozos de metal, por premios, por fama. Pero se olvidan de vivir, de amar, de ser libres. De vivir, de querer, de jugar. Destruyen y manipulan a sus hijos, aniquilando su infancia, pero les prohíben aprender, les prohíben crecer, ser ellas mismas.
Se dejan gobernar. Dominar y engañar. Controlar y exterminar.
No te equivocas en tus criticas. Hablas de apatía, cordura genocida y sometimiento voluntario. Dominación y autodestrucción. Hablas de la única especie que se extermina a sí misma, y lo haces duramente. Se esclavizan, dices, y tienes razón.
Pero, repelente y arrogante, no tienes ni idea de quienes son, ¿cómo les criticas tanto? ¿Has tenido tú la oportunidad de amarlos o de odiarlos en lo profundo de tu ser? Acaso pudiere yo hacerlo, que he sido testigo de tantas historias, trágicas, eufóricas, cómicas o quizá horribles.
Yo que he visto a tantas inocentes ahogarse, o ser asesinados, y a tantos culpables salir ilesos, yo puedo hablar. Porque yo sí he podido mirarles a los ojos. Yo he podido hundirme y ahogarme en el llanto de una madre sin hijos. De un amante no correspondido. En un amor perfecto asesinado por una bala, por un desastre. Maldito estúpido, ¿quién eres para juzgar a nadie?
Tú que te pretendes inmortal no quieres admitir que padeces los mismos delirios de grandeza que a ellos les achacas. El cinismo que profesas no lo ves más que en ellas, pero te cubre el manto de mierda.
Entre ellos surgen dudas acerca de su existencia, de su importancia. Dudas acerca del sentido de sus vidas. ¿Tal vez te hayas preguntado tú lo mismo? ¿Por qué estás aquí? Quizá alguien lo sepa, pero mientras tanto escupes tu ácida lluvia de acérrimo odio contra aquello que no entiendes, tal y como hacen tantos de ellos. Tú, que tan diferente eres.
Escucha, imbécil, desde tu posición tan sólo puedes observar líneas en la arena, surcos en el agua, máquinas trabajando. Sabes, por supuesto, a dónde llevan a cada cual sus pasos pero, desgraciado, no tienes ni idea de por qué.
Te aseguro que yo sí, lo sé y lo veo día a día. Les miro de igual a igual y entonces entiendo por qué eligen lo que eligen. Incluso aunque ellas mismas no lo sepan. Miro sus ojos y les veo alegres, pensativos, o melancólicos. Tristes o enamorados. Y no sé tú, estimado colega, pero yo daría toda mi grandeza, toda mi majestuosidad, que día tras día, año tras año, se paran a contemplar esos de quienes hablamos, en cualquier momento, en cualquier lugar, con sus ojos llenos de sentimiento, por vivir tan sólo un día como alguno de ellos.
Efímero, insignificante para el Cosmos, quizá, vivo, radiante, triste, loco, alegre.
Lo deseo. Ser uno de ellos. Si yo pudiera. Con todas mis fuerzas yo desearía ser abandonado por quien amo hasta la extenuación. Hacer el amor. Conocer la amistad. Tener enemigas. Sufrir heridas y sentir placer y. Quisiera poder morir. Llorar cada noche lamentando una pérdida.
Quisiera vivir. Ser.
Quisiera...
Tú y yo estamos juntos en esto. Nos hacemos compañía sin remedio pues aquí estamos. Condenados. Olvidados. Existencias malditas. Inmortales, perennes, asquerosas. Inertes. Una existencia per sé. Sin aliciente ni interés.
¿Para qué nuestro peregrinar estúpido por el eco de los tiempos, si ni siquiera tenemos un secreto que contar al oído de alguien? Sin ni siquiera nostalgia, sin que se nos pudra la piel. Si tan sólo miramos la vida, en lugar de vivirla.
Y si estoy equivocado, ¿qué importa? Cuéntame esto y hazme sentirme mal. ¿Por qué? No tengo ninguna duda. Antes me encontraba mejor, con mi odio, con mi rencor, con mi simpleza sofisticada.
Ahora haces jirones mi vestido. Y encima querrás llamarte mi amiga. Tu crudeza no ha hecho más que rasgarme en pedazos. ¿Y acaso yo te lo he pedido?
Se creen el centro del universo, todos queriendo ser los protagonistas de una historia, nadie se mira a sí mismo como el personaje secundario. Nadie se piensa prescindible. Nadie se ve a sí mismo como una mota de polvo. Pero es lo que son.
Destruyen su planeta, su hogar. Me llenan de mierda, a mí que sin mí no son nada. Imbécil raza de simios. Se matan entre sí por idioteces y mentiras. Incluso hacen daño a quien aman, y se olvidan. Y se guardan rencores inútiles tantas veces sin motivo... Compiten entre ellos por ser mejores en disciplinas sin importancias, por trozos de metal, por premios, por fama. Pero se olvidan de vivir, de amar, de ser libres. De vivir, de querer, de jugar. Destruyen y manipulan a sus hijos, aniquilando su infancia, pero les prohíben aprender, les prohíben crecer, ser ellas mismas.
Se dejan gobernar. Dominar y engañar. Controlar y exterminar.
No te equivocas en tus criticas. Hablas de apatía, cordura genocida y sometimiento voluntario. Dominación y autodestrucción. Hablas de la única especie que se extermina a sí misma, y lo haces duramente. Se esclavizan, dices, y tienes razón.
Pero, repelente y arrogante, no tienes ni idea de quienes son, ¿cómo les criticas tanto? ¿Has tenido tú la oportunidad de amarlos o de odiarlos en lo profundo de tu ser? Acaso pudiere yo hacerlo, que he sido testigo de tantas historias, trágicas, eufóricas, cómicas o quizá horribles.
Yo que he visto a tantas inocentes ahogarse, o ser asesinados, y a tantos culpables salir ilesos, yo puedo hablar. Porque yo sí he podido mirarles a los ojos. Yo he podido hundirme y ahogarme en el llanto de una madre sin hijos. De un amante no correspondido. En un amor perfecto asesinado por una bala, por un desastre. Maldito estúpido, ¿quién eres para juzgar a nadie?
Tú que te pretendes inmortal no quieres admitir que padeces los mismos delirios de grandeza que a ellos les achacas. El cinismo que profesas no lo ves más que en ellas, pero te cubre el manto de mierda.
Entre ellos surgen dudas acerca de su existencia, de su importancia. Dudas acerca del sentido de sus vidas. ¿Tal vez te hayas preguntado tú lo mismo? ¿Por qué estás aquí? Quizá alguien lo sepa, pero mientras tanto escupes tu ácida lluvia de acérrimo odio contra aquello que no entiendes, tal y como hacen tantos de ellos. Tú, que tan diferente eres.
Escucha, imbécil, desde tu posición tan sólo puedes observar líneas en la arena, surcos en el agua, máquinas trabajando. Sabes, por supuesto, a dónde llevan a cada cual sus pasos pero, desgraciado, no tienes ni idea de por qué.
Te aseguro que yo sí, lo sé y lo veo día a día. Les miro de igual a igual y entonces entiendo por qué eligen lo que eligen. Incluso aunque ellas mismas no lo sepan. Miro sus ojos y les veo alegres, pensativos, o melancólicos. Tristes o enamorados. Y no sé tú, estimado colega, pero yo daría toda mi grandeza, toda mi majestuosidad, que día tras día, año tras año, se paran a contemplar esos de quienes hablamos, en cualquier momento, en cualquier lugar, con sus ojos llenos de sentimiento, por vivir tan sólo un día como alguno de ellos.
Efímero, insignificante para el Cosmos, quizá, vivo, radiante, triste, loco, alegre.
Lo deseo. Ser uno de ellos. Si yo pudiera. Con todas mis fuerzas yo desearía ser abandonado por quien amo hasta la extenuación. Hacer el amor. Conocer la amistad. Tener enemigas. Sufrir heridas y sentir placer y. Quisiera poder morir. Llorar cada noche lamentando una pérdida.
Quisiera vivir. Ser.
Quisiera...
Tú y yo estamos juntos en esto. Nos hacemos compañía sin remedio pues aquí estamos. Condenados. Olvidados. Existencias malditas. Inmortales, perennes, asquerosas. Inertes. Una existencia per sé. Sin aliciente ni interés.
¿Para qué nuestro peregrinar estúpido por el eco de los tiempos, si ni siquiera tenemos un secreto que contar al oído de alguien? Sin ni siquiera nostalgia, sin que se nos pudra la piel. Si tan sólo miramos la vida, en lugar de vivirla.
Y si estoy equivocado, ¿qué importa? Cuéntame esto y hazme sentirme mal. ¿Por qué? No tengo ninguna duda. Antes me encontraba mejor, con mi odio, con mi rencor, con mi simpleza sofisticada.
Ahora haces jirones mi vestido. Y encima querrás llamarte mi amiga. Tu crudeza no ha hecho más que rasgarme en pedazos. ¿Y acaso yo te lo he pedido?



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